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Asociación de jóvenes esperanzados: para prever el nihilismo prematuro

Manual del joven esperanzado. Capítulo 1:

¿Quieres ser un joven esperanzado?

Sin duda, seguro viste a algún esperanzado caminando por la calle. Sabés que llevan ese uniforme sencillo pero, realmente, ¿sabés qué hacen?

Un joven esperanzado usa su tiempo libre para pensar en cosas lindas junto a sus compañeros.

Aprende de la naturaleza aquellos valores tan importantes: ser positivo, creencia de que las cosas pueden mejorar y confianza en las personas. Porque a la naturaleza le gustás, y mucho.

Un joven esperanzado sabe que la vida es linda, llena de felicidad y sabe que los problemas de hoy siempre tienen solución y que nunca se van a repetir constantemente haciendo que el mundo sea un lugar divertido sólo para algunos.

¿Y cómo hace un joven esperanzado para ser un joven esperanzado? Bueno, la hermosa respuesta a esa pregunta tan linda, la verán en el próximo capítulo del “Manual del joven esperanzado”.

En la mente de un joven IV

Esta nota que escribió nos dejó pensando un rato largo. La escribimos tal cual como la encontramos:

“Estuve viendo precios de alquileres de departamentos en el centro, en alguna de esas calles angostas que tienen edificios viejos.
También me fijé por la zona de San Telmo porque el otro día, creo que fue el viernes, pasé por ahí y me pareció re lindo barrio.
Busqué en esos dos lugares porque me generan un no sé qué artístico y me imagino invitando todo el tiempo a distintas personas relacionadas con el arte.
Me gustaría ser alguien que lee mucho y tener una biblioteca enorme que la gente se quede mirando y me pida prestado algún libro.
Me encantaría tener algún trabajo por ahí, conocer a la gente del barrio y saludarla cada vez que salgo”.

En la mente de un joven III

La siguiente anotación de su cuaderno decía lo siguiente:

“Me gustaría solamente estudiar cine; dedicarme a leer sobre historia y ver películas todo el tiempo.

Me gustaría ser reconocido como alguien que sabe de cine, al que se le puede preguntar, alguien que nunca se va a quedar sin palabras sobre el tema.

Me gustaría poder responder: yo sólo veo películas”.

Vicente Sandezzi: intervencionista artístico.

Se presenta como “intervencionista artístico”. No estudió una carrera formal pero sí participó de muchos seminarios.

Entre los más destacados, se encuentran los siguientes: “Ideología del sujeto sorprendido a medias”, “El sentido entre dos cosas exactamente iguales”, “Tipografía de las palabras divertidas para algunos” y “Conceptos básicos para llamar la atención sin mucho esfuerzo”.

También se anotó en muchísimos cursos (de nuevo ponemos los más destacados): “Curso básico para identificar problemas inexistentes”, “Curso de expresión corporal para romper el hielo” y “Curso para liderar personas en un espacio reducido”.

Actualmente trabaja en un call center, para poder pagar lo que él denomina como “su arte”.

¿Quién quiere ser Lucía Amadío De Tomasini?

Lucía Amadio De Tomasini:
-Título de Diseñadora Gráfica y Diseñadora de Imagen y Sonido.
-Maestría en Diseño Interactivo y Tipografía.
-Cursos de Gestión de Marcas, Sistemas de Identidad y Sociología del Diseño.
-Idiomas: Inglés, Alemán y Portugués.
-Publicaciones: “Tipografía de la persona sedentaria”, “Una generación diseñada” y “Las marcas del tiempo”.

Su máxima aspiración, es construir la sede de su estudio de diseño en las sierras de Córdoba.

En la terraza, va a haber una pista de aterrizaje para helicópteros.

Desea que todos sus días consistan en volar temprano hasta el trabajo, desde la casa con pileta que tendrá en su montaña.

Y tomar mate en la terraza, a la tarde, mientras mira el paisaje y dibuja.

En la mente de un joven

Las palabras son reproducidas de la misma forma que se encontraron en el cuaderno:

“Fui a comprar tres cervezas, porque a la noche venía un amigo, y fui al supermercado chino que tengo en la cuadra.

Cuando estaba haciendo la fila para pagar, un cana levantó la mano mientras sostenía un paquete de galletitas y esperó la confirmación del cajero.

El chino afirmó con la cabeza, y cuando el oficial se fue del lugar, le dije que yo también era policía.

Le causó tanta gracia que no me cobró los envases. Me preguntó mi nombre y yo el suyo: se llamaba Carlos”